• Instinto y Silencio: La visión del todo en la nada.

Aunque su lenguaje siempre fueron los colores, fue a los 8 años cuando Erin Valdés (Gijón,2012) decidió dar forma a su curiosidad infantil en una academia.

Allí, en las aulas de la Academia, el Estudio y Taller Creativo GEA en Gijón , su capacidad para absorber conceptos la convirtió en "una esponja” de técnicas y emociones.

Sus profesoras, Inés Guibert, directora de centro y Nuria Oliva, artista destacada en obra abstrata intuyeron de inmediato que en aquella mirada infantil habitaba algo verdaderamente especial.

Con una sensibilidad docente,curatoria y artística única, y en perfecta sintonía con el impulso incondicional de sus padres decidieron romper los moldes acádemicos tradicionales. Juntos, familia y mentoras, crearon el suelo firme necesario para proteger su talento y ofrecerle la oportunidad de avanzar sin frenos, permitiéndole saltar los grupos de su edad y adelantarse a las barreras generacionales.

Su evolución fue tan arrolladora que el tiempo se aceleró: en pocos meses pasó de los grupos infantiles a los juveniles, y casi de inmediato, dio el salto a las clases de adultos. Alli, su pincel borraba cualquier diferencia generacional.

Erin se convirtió en una presencia menuda y constante en un aula donde compartía lienzos con universitarios de 20 años y veteranos de más de 60. En esa sala, el tiempo se detenía: no era una niña entre adultos, sino una artista más intercambiando miradas y técnica con compañeros que le sacaban cinco décadas de vida. Esa convivencia con experiencias tan diversas curtió su capacidad de observación y aceleró su transición hacia el caos precioso del arte contemporáneo y abstracto.”

La dualidad : Inocencia y Rigor

En la obra de Erin conviven dos fuerzas aparentemente opuestas : la inocencia de una juventud que explora el mundo sin restricciones y la madurez de una artista que ejecuta cada trazo con una determinación asombrosa. Mientras su edad le otorga la libertad de investigar colores, texturas y formas sin el peso de los prejuicios, su técnica revela una disciplina mística.

Hacia el caos del arte contemporáneo

Sin ver límites en su avanzar, Erin ha ido dejando atrás lo puramente figurativo para introducirse en el "precioso caos” del arte contemporáneo y el abstracto.

Es en esa transición donde nace su lenguaje propio : un viaje sin filtros desde lo clásico a lo contemporáneo.

Porque para Erin, cuando la tierra se le queda pequeña, al talento, solo le queda una opción : volar.

Instinct and Silence: The Vision of the whole in nothingness.

Although colors have always been her native language, it was at the age of 8 when Erin Valdés (Gijón, 2012) decided to give shape to her childhood curiosity in an art academy.

There, her capacity to absorb concepts turned her into a “sponge” of techniques and emotions. Her evolution accelerated: in just a few months, she moved from children’s groups to youth classes almost immediately, made the leap to adult classes. There, her brushstroke erased any generation gap.

Erin became a petite yet constant presence in a classroom where she shared canvases with 20-year -old university students and veterans over 60. In that room ,time stood still: she wasn’t a child among adults, but just another artist exchanging and techniques with classsmates who were five decades her senior. This coexistence with such diverse perspectives honed her observational skills and acceletated her transition toward the precious chaos of contemporary and abstract art.”

The Duality: Innocence and Rigor

Two seemingly opposite forces coexist in Erin’s work: the innocence of a youth exploring the world without restrictions, and the maturity of an artist who executes every stroke with astonishing determination. While her age grants her the freedom to investigate colors, textures, and forms without prejuice, her technique reveals a mystical discipline.

Towards the Chaos of Contemporary Art

Without limits to her ambition, Erin has been leaving purely figurative art behind to enter the “precious chaos” of contemporary and abstract art. It is in this transition where her own language is born : a path without shortcuts from the classical to the contemporary.

Because for Erin, “when the earth becomes too small for talent, only one option remains: to fly”.